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“CACHO, EL ÚLTIMO POTRERO”. (UN CUENTO DE ALBERTO AROZARENA, DE LA CIUDAD DE LAS HERAS. UN TOCAYO DEL DE TANDIL, ESPECIAL PARA ESPERANZAS DEL FÚTBOL).

05-04-2020. 14.35 horas.

UN CUENTO DE UN TOCAYO TOTAL, YA QUE ALBERTO AROZARENA DE LAS HERAS, DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ES PERIODISTA Y ENTRENADOR DE FÚTBOL…..UN CUENTO PARA LOS FUTBOLEROS DE CORAZÓN.……

El sol se pone sobre el caserío, tiñendo de fuego el cielo de una fresca tardecita de primavera.

Un hornero, tesonero y voluntarioso, va y viene desde un charco vecino hasta el arco desvencijado de la canchita del barrio.

  • Qué estás haciendo?, escucha que le preguntan.
  • Construyo mi casa, responde. Y vos quién sos?
  • Cómo que quién soy… Cacho. El dueño de la alegría de los chicos del barrio. El “campito” para los pibes, pero yo prefiero que me digan como el periodista ese del pueblo que un día me llamó: “El último potrero”, respondió orgulloso mientras el hornero iba y venía una y otra vez.
  • “Eso es historia, el futuro es otra cosa” le dijo el pájaro con avícola suficiencia.
  • Qué va a ser historia, si todavía me acuerdo que en el diario había una foto del Chueco y el Polaco. Qué jugador, por Dios, el Chueco. Zurdo, habilidoso. No se la podían sacar y cómo le pegaba a la pelota!!!. Vivía acá a la vuelta, al lado del almacén. Después lo vinieron a buscar y se lo llevaron para Buenos Aires. Le perdí el rumbo, pero dicen que no para hasta jugar en la selección.

Y el Polaco!. Qué buen arquero! Le gustaba atajar con bermudas porque decía que quería ser como el loco Gatti.

  • A mí qué me decís?, retruca el hornero. No ves que ya no sos más “la canchita”. El campito se ha llenado de casas y cada vez te queda menos lugar. Los pibes del barrio ahora juegan en el Fútbol 5 y ya no se ensucian las zapatillas, porque van al sintético. Si hasta el otro arco te han sacado y el Chaqueño, el que trabaja en lo de Avagnina, ha hecho allí su casa para traerse la familia de la provincia.

 

  • Qué sabés vos!, Si cuando jugaban el Chueco y el Polaco no eras ni huevo siquiera. Además ese es el travesaño y ahí no se pueden hacer casitas”,

 

  • “Mañana la seguimos” cantó el hornero mientras se alejaba antes que las sombras de la noche le jueguen una mala pasada.

“Este pajarraco me las va a pagar”, repetía una y otra vez Cacho, mientras sus ojos se cerraban con los últimos rayos de sol.

“Que sabe si él no estaba esa tarde que jugamos el partido contra los de La Barraca” suspiraba,  a la vez que las luces de los faroles se empecinaban en apagar aquellos inolvidables recuerdos.

“Llegaron todos temprano. Eran un montón. Unos cortaban el pasto, otros marcaban las líneas con una pala y hasta pintaron los arcos con cal que les regaló don Antonio, el del almacén. Fue un día de fiesta y les ganamos 2 a 1 con dos goles del Chueco.

El Tano y el Colo no se la dejaron tocar al Turco, el mejor de ellos y decí que el Polaco se distrajo mirando a la Patricia, una de las hijas del portugués, sino le ganábamos por goleada. Qué hermosa tarde!.

Terminaron festejando y tomando Coca abajo del eucaliptus que estaba en la esquina, ahí donde ahora se hizo el chalet el de la inmobiliaria.

Nadie se quería ir hasta que la madre del Chueco pegó el grito y empezaron a desparramarse.

Me parece que los veo cómo se van perdiendo por los caminos del campito”, soñaba Cacho, cuando, con las primeras luces de la mañana, escuchó un ruido que lo despertó sobresaltado. Apretó los ojos y esperó un instante.

El sonido le era familiar. Cómo confundir el ruido que la Nº 5 hace al rebotar contra la gramilla mojada.

Le gritó bien fuerte: “Mirá, ahí vienen” a una casita a medio construir arriba de un palo de eucaliptus y abrió grande los ojos para ver cómo salían de la neblina las figuras de dos purretes, entre risas, zapatillas gastadas, medias bajas, rulos renegridos  y caritas entusiasmadas.

  • “Son los hijos del Chaqueño!!!. Ves que sigue habiendo pibes en el barrio. Mirá, mirá cómo le pega el zurdo y el grandote… el grandote viene para el arco…

Dale Polaco!!! Atajalas todas

Ráspate las rodillas, revolcate entre la tierra

Y vos Chueco, pegale, pegale fuerte

Tira a la mierda la casa del hornero

Te pido sólo ese favor

No ves que en el último potrero

Hoy, ha vuelto a salir el sol

        Alberto Arozarena (el otro), el de Las Heras, Provincia de Buenos Aires.